jueves, 12 de abril de 2007

LUSTRANDO LOS RECUERDOS

Como extraño los momentos apacibles de la infancia, donde la situación más nimia daba tanta alegría y luego recordarla por siempre. Hoy, pasado los años, la situación más nimia es eso mismo: nada sustancial. En estos momentos en que uno se hace conciente de la edad es cuando uno va extrañando más los recuerdos de antaño. Los recuerdos se hacen gratos e insufribles a la vez.
Cuando la pereza nos llega tomamos conciencia de la vida. Nos vamos encaminado a un sendero oscuro al cual más y más nos acercamos, y es difícil dar vuelta atrás. Cuando el cuerpo está cansado y aburrido nos refugiamos en las caras alegres, en las risas naturales. Cuánto quisiéramos robarles su alegría. No importa ser presos por un momento de felicidad, de remembranza.
Cualquiera sea el momento cuando nos ataca la nostalgia, presenciamos nuestra orfandad, y entendemos a los Buendía.

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